El niño del taller
Mi abuelo Felipe tenía un taller de hojalatería en el patio de su casa. Ahí pasé mis primeros años.
Con él aprendí a lijar, a soldar y a arreglar golpes. Y algo que conservo hasta hoy: a encontrar las abolladuras que nadie más veía.
Mientras otros niños jugaban con juguetes, yo prefería arreglar mis coches a escala o la camioneta que me regaló un tío. Lo mío nunca fue quedarme adentro.
Disfrutaba cada instante y siempre tenía ganas de trabajar.
13 Aprendí a programar.
Del taller me quedó el orden. Una cosa después de la otra.
Arquitectura
La programación y la arquitectura me enseñaron a pensar con método y calma.
Admiro la Torre Reforma por lo cruda que es y por cómo dialoga con la Torre BBVA. No sigo a un arquitecto en particular.
Me atrae la arquitectura funcional, la que se sale de lo esperado: la contemporánea, el estilo internacional sustentable y el minimalismo.
Por mi mamá también aprecio lo vintage: el estilo cabaña, la comodidad, la calma. Las dos cosas conviven en mí.
Lo que está bien hecho no envejece.
El 996
El Porsche 911 ha sido mi coche favorito desde siempre.
Mi abuelo Felipe guardaba un 996 negro a escala en su vitrina. De niño, ese coche me tenía fascinado.
Con los años me lo regaló, y hoy lo conservo con cariño.
Todavía no tengo uno. Sé que cuando lo tenga, no será por lo material, sino por lo que significa.
De los coches aprendí a mirar el diseño atemporal.
La vitrina era de mi abuelo. El café es de mi papá.
Café
El café me da calma. Es una afición que heredé de mi papá y de mi abuelita.
Cuando sé que el día será difícil, lo primero es una prensa francesa en casa, o pasar por Intervallum camino a la oficina.
Con mi papá casi no hablamos. Tomamos café, escuchamos música o vemos pasar a la gente. Así llevamos años.
Hay días en que las manos piden algo que hacer.
DIY
Me gusta hacer cosas con las manos.
Cuando construyo una arquitectura de backend, nadie llega a verla.
Un escritorio, en cambio, sí se ve.
Y cuando termino, me quedo viendo trabajar a otros.
Ver trabajar
Cuando termino el día, veo a otros trabajar.
Un eléctrico armando un cuadro. Alguien cableando una casa, reparando un techo o un coche, cortando pasto.
No sé por qué me calma, pero me calma.
De tanto observar, terminé entendiendo cómo funcionan otras industrias.
Con el tiempo, ese conocimiento se filtra en mi vida y en mi trabajo.
Nada de esto tiene que ver entre sí. Excepto que soy yo.
¿Me contradigo? Muy bien, me contradigo.
Soy inmenso,
contengo multitudes
La escuché por primera vez en La Vida de Chuck. La frase es de Whitman.
“Soy inmenso, contengo multitudes”
“Beginnings always hide themselves in ends”